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Estudio Biblico
Asociación
Crisitiana de Iglesias Misionera, Inc
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La obra del Espíritu
Santo y la Palabra
Texto
Base: Isaías 40:6-8; 1 Pedro 1:23-25.
Introducción:
Muchos se
han referido al pasaje de Isaías solo para hacer referencia de
la fragilidad de la naturaleza humana, la brevedad de la vida y
la certeza de la muerte y con ello lo que han hecho es mutilar
la enseñanza central del Profeta.
El
Profeta Isaías habla de la gloria futura de Sión esto es de su
restauración a través de un arrepentimiento. Allí se habla de
vida y no de muerte, se habla de edificación y no de
destrucción. Esto lo vemos mas claro cuando lo comparamos con su
contra parte en el Nuevo Testamento que lo presenta unido a la
obra de Espíritu y la Palabra. Veamos:
1- El consuelo
futuro de Sión, La Gloria presente y futura de la Iglesia.
-
Dios había castigado a Sión por haber jugado con el
pecado. Le había dado el doble de lo que se merecía (40:2) pero
ahora Traía para ellos consolación y restauración.
-
Manda a que los corazones se preparen para ese encuentro
con su Dios, manda que se allane lo áspero y se enderece lo
torcido para que se que se pueda manifestar la Gloria de Dios.
-
Es que Dios no puede restaurar si primero no hay
arrepentimiento, y abandono de las cosas que le ofenden y por
las cuales envía Juicio sobre los que le sirven.
-
Dios les envía un triple mensaje de esperanza y consuelo
a través del Profeta:
1- Le enviaría el
tan esperado libertador.
2- Le daría fin a
su cautividad.
3- Les perdonaría
de todos sus pecados.
¿Cómo podría
llevarse a cabo todo esto?
El mensaje de Juan
el Bautista tomaría una importancia trascendental en esta
restauración pues les circunstancias que se especifican
alrededor de el (voz que clama en el desierto; 40:3a)
testificaban la condición espiritual de la nación. Aunque a
los ojos de la nación de Israel la religión pasaba el momento
mas elevado de su manifestación y aceptación por todos los
Judíos ante los ojos de Dios no era visto así. Para Dios
simplemente era una formalidad carnal lleno de orgullo y
vaciedad por eso les manda a que “se baje todo valle y collado:
lo torcido se enderece y lo áspero se allane”. Esto es en
referencia a la naturaleza Religiosa carnal.
Lo peor que podía
oír un Judío era que se le llamara a arrepentirse pues era
atentar contra su orgullo religioso lleno de ceremonialismo. La
confianza de ellos descansaba en “ A Abrahán tenemos por
Padre’. La hierba tenia que secarse y toda carnalidad tenia que
morir. El viento de Dios tenía que soplar sobre ellos para
quemar todo su orgullo religioso y deshacer su auto confianza
en su justicia propia.
El Espíritu Santo
tiene que soplar sobre nosotros y quemar como a hierba nuestra
carne y dejarla como la flor del campo. La hierba se seca, la
flor se marchita por que el viento de Jehová soplό en ella:
porque ciertamente como hierva es el pueblo (40:6,7).
2- El Espíritu
Santo desvanece las obras de la carne
Muchos se
han olvidado que en la experiencia cristiana “carne y sangre no
heredan”. Que la naturaleza humana es la manifestación misma de
toda corrupción y por eso es tan importante la manifestación
unida del Espíritu Santo y la Palabra en cada una de nuestras
vidas de una manera permanente.
No se
puede sembrar sobre tierra estéril, árida o sin limpiar. El
arado tiene que ser pasado primero y deben ser rotos los
terrones duros de la carnalidad por la obra profundamente
convencedora del Espíritu Santo Y LA Palabra.
Una de las cosas
más importantes que el Espíritu Santo busca en nosotros es
nuestra humillación. La obra de restauración que El hace en
nosotros no puede
ser edificada sobre nuestros antiguos o viejos principios o
fundamentos. El
viene como fuego abrasador sobre nosotros para quemar la paja,
la madera y la hojarasca de nuestra antigua naturaleza.
Para poder ser
vestidos de la justicia que Dios nos ofrece a través de
Jesucristo tenemos que ser convencidos de nuestros pecados. No
podemos vestirnos de la radiante y limpia justicia de Cristo por
fuera si por dentro tenemos los harapos de nuestra vieja
naturaleza corrompida y caída.
Una de las obras
maravillosas del Espíritu Santo en el creyente es que El no lo
purifica a uno sin antes dejarle ver su corrupción. Lo
contrario sería no tener en estima el poder y la eficacia de la
sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo. Eso ni pensarlo
cuando se trata de la persona del Espíritu Santo.
Solamente oiremos
la voz de Dios decirnos: “Consolaos, consolaos pueblo mío…”
cuando entendamos el mensaje: “Toda carne es como hierba y toda
su gloria como flor del campo” (40:6).
Ejemplos Bíblicos
-
Génesis 1:1. La creación de Dios da testimonio de que
el no hace nada sin antes ordenar las cosas. Primero El deja ver
la condición de las cosas existentes esto es el caos y la
confusión ( la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas
estaban sobre la faz del abismo) para luego El entrar con su
Espíritu para establecer su orden y sus principios.
- Éxodo 3:1-9.
Israel no fue salvado hasta que no se oyó su clamor
Subiendo hasta la presencia del Señor. Nadie les había sido
enviado para salvarlos hasta que no reconocieron que estaban
perdidos. El ser humano debe sentirse perdido antes de ser
salvado. Esta es la verdadera obra del Espíritu Santo.
- Apocalipsis
21:1-4. El cielo nuevo y la tierra nueva no serán
establecidos hasta que el cielo y la tierra actual no
desaparezcan. Tiene que ser quitado lo primero para que se
establezca lo segundo. Habrá consolación perpetua, sanidad
permanente y bendición perpetua solo cuando lo primero pase.
3- El Espíritu
destruye toda obra de la carne
El
profeta dijo que: la hierva se seca la flor se cae. Al esto
suceder se muere la hierva y la flor se marchita hasta morir.
Lo que el mensaje quiere decirnos es que cuando el Espíritu
sopla sobre nosotros hace morir lo terrenal que hay en
nosotros. Lo que era dulce ahora se torna en amargo y lo claro
en oscuro. Comenzamos a ver las cosas tal como Dios las ve.
Pobre Lot
que viό “las llanuras del Jordan, …como huerto de Jehová…” y
no las pudo ver como en realidad eran delante de los ojos de
Dios: “…malos y pecadores contra Jehová en gran manera”. Así
será a muchos creyentes y hasta Ministros que se ríen, se burlan
y hasta ridiculizan la verdadera obra del Espíritu pues no ven
las cosas como Dios las ve. Donde ellos ven gloria y grandeza
Dios ve abominación y vileza.
Debemos
humillarnos y pedir a Dios que nos libere de toda condición de
carnalidad y su Espíritu nos haga sentir la necesidad de
renunciar a todo lo que nos pueda hacer “gloriar en la carne y
llevarlo como un desperdicio y estimarlo todo como una perdida
por amor a Cristo nuestro Señor y ser hallados en El no teniendo
nuestra propia Justicia sino la Justicia que es de Dios por la
fe” (Filipenses 3:7-10).
Solo
cuando la hierva de la carne se seque y la flor de la vida se
marchite la semilla del Espíritus podrá vivir en nosotros para
llevar el fruto de Dios. Los que heredan el Reino de Dios no
son: “…nacidos de carne y sangre ni de voluntad de varón sino de
Dios” (Juan 1:12,13).
Conclusión:
La vieja
naturaleza no sirve sino para ser sepultada juntamente con
Cristo (Romanos 6”1-14) pues esta por mas que se lave sigue
siendo corrupta y por mas que se perfume seguirá siendo inmunda.
Por eso
la importancia de prestar atención a las Palabras que refiere el
apóstol Pedro cuando dice: “Siendo renacidos, no de simiente
corruptible, si no de incorruptible, por la Palabra de Dios que
vive y permanece para siempre” (1Pedro 1:23).
La
Palabra de Dios es la semilla (simiente) que ha sido plantada en
nuestros corazones por el Espíritu Santo por eso lo que ella
produce en nosotros no es producto de nuestra naturaleza si no
de Dios. Es la Palabra viviente operando activamente en
nosotros.
Cuando la
nueva vida nace por la Palabra que vive y permanece para siempre
la hierva de la vieja naturaleza se seca y se muere; “…ya no
vivo yo mas vive Cristo en mi y lo que vivo en la carne lo vivo
en la fe del Hijo de Dios” (Galatas 2:20).
Preparado por:
Pastor Raul Medina
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